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VLM - Basil Amsel

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VLM - Basil Amsel

Mensaje  Paris el Lun 17 Feb 2014, 21:39

El fin de semana es un buen día, ocupado, pero bueno en lo que respecta a las propinas. Esta noche, y lo que resta del mes, trabajaré en el bar de este gran hotel.

Hay una variedad de personas, así como varios pedidos para las mesas, aun así nunca faltan las personas de la barra. Son los que más me entretienen y de las que consigo el mayor ingreso extra. Pero esta noche hay algo más interesante que las conversaciones entre copas y acertar las bebidas de mis comensales: la mujer del corto vestido verde. Bonita, linda sonrisa, buenos pechos. Una mirada, un gesto, la manera en que le entrego la copa, un ligero roce de mis dedos con los suyos; y la sonrisa que recibo me asegura que tendré a alguien entre mis sábanas esta noche.


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‘Corte y queda.’

El director al fin dio por terminada la escena. Estábamos todos algo agotados, y yo de por más irritado con la actriz que tenia delante. Apenas nos pasaron las batas la agarré de la mano para llevarla a un lugar donde no nos escucharan, sin importarme que no se hubiera aseado.

Al principio se puso especial, haciéndose la ofendida por el trato que le daba. Tengo trabajo en el bar en menos de una hora, que agradezca que no la agarrara de los pelos para traerla hasta donde estábamos; o que no le diera una bofetada para que se concentrara en la maldita escena para que así hubiéramos acabado a tiempo.

Intenté calmarme (ya que por algo estoy saliendo con ella) para preguntar que era lo que le sucedía. Y estalló.

Nombres, cuentas, hasta la factura del café que me tome con otra actriz después de terminar una escena de otra película. Para poder enterarse de todo eso ha tenido que estar husmeando,  escarbando y metiendo su operada nariz en asuntos que no le competen.

De repente se queda callada, mirándome fijamente, asustada. Supongo que debe estar viendo mi rostro lleno de ira; y puedo ver que su semblante pierde algo color (a pesar del maquillaje corrido) cuando estampo ambas manos en la pared detrás de ella,  acorralándola.

Pero no tengo tiempo que perder con esta estúpida. Después de mandarla a la mierda de una forma nada elegante, doy media vuelta y me meto a los baños para darme una ducha rápida;aun me queda la esperanza que si salgo ahora mismo quizás no llegue demasiado tarde.


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Ha sido una noche tranquila. Salgo por la puerta trasera mientras enciendo un cigarrillo para que me acompañe hasta llegar a mi transporte; es ahí cuando oigo pasos a mi espalda y siento, más que veo, una mirada fija en mí.

Exhalo suavemente el humo del cigarrillo y sigo caminando tranquilamente, comprobando que me están siguiendo. Al parecer solo es uno, y novato en el “arte” de acosar, ya que al doblar en una oscura esquina logro atrapar y acorralar a esta persona. Al reconocerla solo lanzo un suspiro exasperado junto con los últimos vestigios de humo de mi cigarrillo.

¿Qué le da derecho a esta tipa para inmiscuirse en mi vida? Haberla clavado en el colchón mientras gemía como puta, seguro que no.

Hasta ahí la situación podría ser considerada un poco risible, pero lo que colma mi paciencia es el intento de amenaza que me hace. Esta perra cree que puede tenerme a su disposición solo con amenazarme de distribuir un par de las películas porno en las que trabajé.

Rio para mis adentros. Si así quiere jugar, jugaremos los dos.

No me cuesta mucho convencerla para que vayamos a un hotel a “conversar más tranquilos”. De las palabras surgen caricias, algunos besos y la situación va escalando hasta que la ropa empieza a estorbar.

En otras circunstancias la imagen que me ofrecía esta… mujer, gimiendo bajo mio, sería muy apreciada; pero ahora es mi celular (grandiosos aparatos que pueden grabar videos en buena definición) el que captura su serpenteante imagen y lascivos gemidos.

A mi no me hace daño alguno (ni me importa) la difusión de mis películas, habría que ser idiota para participar en una sin estar consciente de lo que presupone; aunque no estoy seguro que ella pueda decir lo mismo.


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Es viernes antes de media noche, y creo que ya sobrepasé mi cuota de propinas del fin de semana. A lo mejor tiene que ver con que soy la “novedad” de la noche, por decirlo de una forma, a pesar de estar del otro lado de la barra.

Algunos son bastante agresivos en su forma de acercarse a mí, otros son muchos más sutiles. He tenido proposiciones de toda clase, y en diferentes escalas, toda la noche. Al finalizar mi turno, ya en la habitación de los lockers para el personal, he sacado billetes, tarjetas y hasta un par de  preservativos marcados con números telefónicos. No puedo más que reír; y es que me hace bastante gracia (e infla un poco mi ego) que en mi primera noche en un bar de ambiente haya tenido tanta acogida.

Volteo cuando noto el ruido de la puerta de la habitación al abrirse para dar paso a mi compañero de trabajo de esta noche en la barra. Me ve con los billetes y los preservativos en la mano y me lanza una sonrisa alzando ligeramente una de sus cejas. Decido que ese par de condones tendrán buen uso después de todo.


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Suena la campanilla de la puerta; hoy la escucho más claramente ya que el local está casi vacío para ser jueves. No necesito levantar la cabeza para saber quién es; la hora, y el sonido tan distintivo de sus tacos, hace imposible que la confunda con otro cliente.

Volteo mientras ella se termina de acomodar en una de las butacas frente a la barra. Nos miramos detenidamente por un momento y comienzo a preparar el trago de esta noche. Este pequeño juego lo hago con la mayoría de mis clientes, pero con ella lo he pulido a tal grado de solo necesitar pequeños gestos para poder hacerme una idea de lo que quiere.


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La puerta suena insistentemente, y solo son (reviso el reloj de mi cómoda… ¡mierda!) las once de la mañana. Me acomodo para intentar volver a dormir pretendiendo que los ruidos de la puerta se desvanecen, pero solo se hacen más fuertes. Así que no me queda más remedio que levantarme y tratar de serenarme para no mandar a la mierda a quien encuentre tras mi puerta.

Las cosas no mejoran al descubrir quien era la molestosa visita. Winona (mi ex novia de la secundaria) entra como un torbellino a mi apartamento, y como tal comienza a lanzarme acusaciones. Las se casi todas de memoria; la mayoría tienen que ver con dinero, que no me preocupo por su vidas, que soy un mal padre… blablabla. No me tomé muy bien eso de ser padre a los 14, pero lo intenté; fue más bien la actitud asfixiante de esta estúpida lo que me fue imposible soportar.

No obstante lo que generalmente me termina ofuscando más es que Winona me venga a echar en cara  de no preocuparme por la niña cuando ella es la que no me deja verla. Que la haya visto unas cinco veces en nueve años no hace que mi “instinto paternal” aflore.

Así que cojo unos 500 dólares, se los meto a la cartera y mientras la conduzco (empujo) hacia la salida, le digo que le depositare 500 más al fin de mes solo si es que se abstiene de buscarme para hacer este tipo de escenas.

La promesa de dinero la calma (y el que juegue con su cabello también ayuda un poco) y se va sin más problemas. Me vuelvo a recostar en la cama observando la foto de Zoe que saque de la cartera de Winona; la tiro a un lado mientras me acomodo para encontrar el sueño nuevamente. Errores de juventud.


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Abrir un bar en Nueva York no es tan fácil como uno piensa, pero después de unos cuantos años ahorrando y con la ayuda de Ludd, un buen amigo con conocimientos y visión de negocios, al fin tengo lo que me proponía. Armarlo y ponerlo en marcha llevará un poco más de tiempo, o eso era lo que pensaba, ya que una de mis clientas, Lyla, nos está dando una mano facilitándonos algunos datos como donde conseguir buenas cosas a cómodos precios entre otras. Intenté pagarle su ayuda con comisiones, pero lo rechazó diciendo que una sonrisa sincera de parte mía y que no hubiera interrupción en el pequeño juego que manteníamos sería pago suficiente.

Quien diría que mi misteriosa clienta de los tacones inconfundibles sería de gran provecho.


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El negocio va bien, los diferentes tipos de contactos que hice trabajando en los otros bares (y en las producciones de videos para adultos) ha dado sus frutos.
Rostros nuevos también aparecen, pero hay un par que llaman más mi atención. Un hombre de cabellera rubia platinada larga, de apariencia altiva, aun que por las veces que se ha sentado a la barra se que tiene una conversación bastante interesante y amena. Se podría decir que el hombre es del tipo que sabe el uso de sus palabras y como envolverte con ellas, es realmente hipnotizante. Junto con él, a veces, viene una mujer, casi de mi edad, hermosa y muy atrayente; hay veces que se comporta de forma muy suelta, otras casi tan altiva como el hombre de larga cabellera, y las veces que se ha sentado frente a mi su conversación ha sido afable y tranquila.

No pareciera que fueran amantes y los pantalones que llevaba esta noche hacían resaltar beneficiosamente ese deleitable trasero. Así que decidí apostar mi suerte. Apenas se sentó a la barra la atendí inmediatamente; una mirada, unas palabras, sonrisas compartidas y tenía su atención aunque se hacía la difícil; un reto así siempre es bienvenido.

Pero mientras estábamos en ese juego pude notar tres cosas: la mirada fija del rubio hombre mayor (la cual respondí con una sonrisa), la entrada de Lyla al bar, y como esta y el hombre de cabellera larga se miraron fija y duramente por unos momentos. Luego fueron todo sonrisas.

Lyla comienza a caminar tranquilamente hacia mí mientras el hombre rubio, que estaba más cerca, se aproxima a la barra y sin mediar muchas palabras se lleva a Tabatha. Lo último que veo de él antes de salir por la puerta del bar es una media sonrisa apreciativa hacia mi persona.


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Ocurrió tan imprevistamente como las otras dos veces, y así como esas veces me quedé un rato mirándola. Su caminar –ahora- seguro y sensual, su larga cabellera castaña y ondeada (tan parecida a la mía). No puede ser que la vida sea tan perra para que me la vuelva a cruzar nuevamente, cualquiera diría que el mundo no es lo bastante ancho y ajeno. Mi rabia es tal que termino rompiendo la caja de jugo de tomate que tenía en las manos. Trato de calmarme, respiro profundo un par de veces, ya que he atraído la mirada de mi compañero de barra así como de unos clientes. Sonrío encantadoramente restándole importancia al asunto, mientras limpio el pequeño desastre que he ocasionado.

Es ahí donde me doy cuenta que el hombre que la acompaña no es su nuevo marido (aunque no puedo estar muy seguro ya que bien podría haberlo cambiado). Sonrío maliciosamente. Ordeno que sus pedidos me los pasen directamente a mí ya que yo los atenderé personalmente esta noche. Les llevo el pedido a su mesa, les doy la bienvenida al bar, hago un par de halagos y puedo sentir su mirada inquisidora así que suelto algo para que termine de reconocerme.

‘Y, ¿Cuándo te divorciaste, madre?’

Sus ojos se amplían cómicamente, y el hombre que la acompaña nos mira con evidente sorpresa dándose al fin cuenta del parecido. Aprovecho el momento de estupor de Eve para contarle al sorprendido hombre como esta mujer me dejó, casi muerto de hambre, en un orfanato para poder casarse con el que yo suponía era aun su marido; pero que aun así no la culpaba, ya que habiendo sido una madre tan joven tenía derecho de buscar la felicidad y un hijo, al que nunca dio a conocer, sería un verdadero estorbo. Lo digo en el tono más dulce, comprensivo y amoroso que puedo sacar mientras le acomodo un mechón de su cabello a una Eve al borde de las lágrimas. Añado con una deslumbrante sonrisa que lo que pidan hoy correría por mi cuenta y sin más doy media vuelta.

A mi espalda puedo escuchar los murmullos de negación, el pánico de esa mujer, así  como las zancadas seguras del hombre cuando se aleja, furioso, para salir del lugar.


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Al fin terminé de alistar las cosas para la pequeña reunión que habrá más entrada la noche. Lyla ha reservado el bar; aunque generalmente no haría este tipo de cosas, el pago por adelantado y que Lyla sea un antigua y querida clienta hicieron que cediera el final. Así que me encuentro terminando de engalanar porque – vaya oh! Sorpresa – Lyla pidió entretenimiento, y la mirada sugestiva y la forma en que se acercó a mi no dejó dudas de que clase de entretenimiento buscaba. Me sorprendió un poco, pero me dejó con una sonrisa en la boca, saber algo más de esta misteriosa y sensual mujer me fascina. Creo que eso fue lo que terminó por convencerme; eso y el muy apreciable pago extra... si eres bueno en algo, nunca lo hagas gratis.

Así que me doy con la sorpresa de encontrar a Lyla cuando llaman a mi puerta. Intrigado la hago pasar y antes de que pueda formular la pregunta ella me dice que Ludd fue quien le dio mi dirección. Bueno, no lo culpo, cuando Lyla se lo propone es muy difícil no ceder ante ella. Me confiesa que la razón de su visita es que se ha enterado que Lucius, el hombre de larga cabellera, ha estado frecuentando el bar con bastante regularidad, y eso no parece agradarle a mi misteriosa clienta.

Le comienzo a explicar (mientras ella toma asiento en uno de mis sillones) que Lucius es un buen cliente, altivo, con una facilidad de palabra tentadora… Y me detengo. Ella me mira detenidamente y yo me pregunto porque debo excusarme ante Lyla. Ella es una clienta que con el tiempo se ha convertido en lo que podría llamar una amiga, nos tentamos mutuamente y nuestro juego de miradas y adivinanzas es bastante entretenido, pero no tengo con ella ningún tipo de compromiso en la que tenga que explicar mis relaciones con otras personas.

¿Celos? No creo que esa sea la palabra adecuada, pero me es un poco difícil poner el dedo sobre el reglón sobre lo que está pasando exactamente en este extraño triángulo.

Lyla no ha dejado de mirarme, como pidiéndome continuar con mi explicación, es ahí donde noto una efímera sonrisa. Lo está disfrutando, está disfrutando el ponerme en una situación en la que tenga que excusarme (aunque realmente no haya motivo para ello) así como cuando me puse algo nervioso cuando mencionó a Lucius.

Contengo una sonrisa mientras me siento al lado de ella. Suavemente agarro uno de sus largos rizos oscuros, y sin mediar palabra lo beso para después acomodarlo de forma dócil nuevamente a su lugar. Ante su mirada extrañada simplemente le digo que esta noche soy solo para ella.

Ríe. Le agrada mi declaración y mientras se acerca promete que esta noche no la olvidaré.


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El bar está lleno; esta noche se ve bastante próspera para el negocio, así como también me da más variedad para elegir mi presa. La ubico (una rubia con un pronunciado escote), comienzo mi juego y en menos de quince minutos logro separarla de su grupo de amigas y dirigirla a una parte de la trastienda donde sé que no tendré interrupciones.
Lyla cumplió con que esa noche no la olvidaría, ya que ese fue el momento de un gran cambio; y en vez de aclarar por completo el misterio que es mi hermosa Sire en tacones, abrió puertas a interrogantes nuevas, así como amplió mi curiosidad.

En esta barra -como en muchas otras- he podido vislumbrar las distintas naturalezas y personalidades de los humanos a los que atendí, ver como se torcían, se alegraban, ahogaban penas, confesaban secretos, lo que traían consigo. Todos los cainitas, por lo que se, hemos empezado como humanos, así que ¿hasta qué punto  la maldición (o don, según el punto de vista) de Caín puede variar o influir en el comportamiento de mis ahora hermanos?, quiero ver como los fuertes instintos de algunos los consumen y, si es necesario, tentar al que no abrace con suficiente fuerza esos mismos instintos. Quiero ver lo que trae cada cainita consigo.

Así que cuando más tarde Lyla me dice que me “libera” oficialmente y que quiere mandarme a Las Vegas para ayudar a la toma de esa ciudad, sonrío levemente. Muy aparte que el motivo de Lyla para mandarme a Las Vegas sea para darle en el orgullo a Lucius (ya que su chiquilla, la preciosa Tabatha y su manada han ido como grupo de apoyo) y así robar cualquier mérito que él podría conseguir por medio de su chiquilla, yo tengo mis propias razones para ir.

Sé que puede – y va a- ser peligroso, o complicado, pero es una oportunidad de ganar renombre y hacer un hueco en esta “sociedad” para saciar mi curiosidad y mis dudas; así que no pienso desperdiciarla.

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Re: VLM - Basil Amsel

Mensaje  Vana XIV el Lun 17 Feb 2014, 23:05

Chuu!!! <3 llegó el bartender!!!

Underneath the city lights
There is a world few know about
Where rules don't apply, no [...]

Tuve la oportunidad de leer antes tu preludio y la verdad me siento animada con ver a este chico en acción... (muajaja).
Es el momento en que desear con toda mi alma tener una femme fatale con ropa estrecha de latex y especialización en BDSM como pj y veo el dibujo de ... Tranquilo...(suspiro de resignación).
Fuera de bromas, quiero ver a Basil y enterarme cual es su juego. n____n  
Suerte allí, Paris-nee.

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Re: VLM - Basil Amsel

Mensaje  >Samael< el Mar 18 Feb 2014, 17:00

:O me agrado mucho que haya relación entre thabata y basil, así la trama se agranda y el juego se enriquece, en cuanto a Basil me agrada que sea social y espero se integre a la manada... Estoy ansioso por jugar este sabado ya que estaremos todos completos y así poder comenzar una vez mas a desenredar el conflicto que hay en las vegas

PDTA: mi daga es de plata !!!

>Samael<
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Re: VLM - Basil Amsel

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