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VLM - Francoise Balois

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VLM - Francoise Balois

Mensaje  Vana XIV el Lun 30 Mar 2015, 14:52

Tempête et élan

Hay dos formas de saber la verdad. Uno, esperas pacientemente a que toque tu puerta o dos, la procuras por tus propios medios. Ninguna te llevará a la verdad, evidentemente; sólo te darán un grado de certeza. Aún así, si puedo optar, mil veces prefiero hacer que esperar.  

La única persona a la que realmente le importé en vida, me abandonó cuando tenía 10 años, aunque no lo hizo voluntariamente, lo asesinaron. De él, Gerard, lo único que recuerdo es verlo sentado en el garaje, puliendo su Cruz de Hierro, mientas hablaba de las glorias militares de su familia y al final concluía con un“¡Conquístalos, chico!”.Él era policía y una investigaciónlo llevó a su tumba de una forma tan limpia que casi lo creí accidente.

No era mi padre biológico, pero nunca me importó, luego de su muerte y sus inconclusas causas, decidí que yo resolvería el enigma, porque así de simple no se podía matar a mi padre.

El resto de mi niñez la pase con unos parientes de Gerard que realmente no hicieron mucho por mí, más que recordarme mi estado de intruso en su casa. A penas terminé el colegio, postulé al Lyceé militaire de Saint Cyr. No sé por qué opté por la milicia, creo que los creía más capaces que la policía.

Durante el tiempo de mi formación en el Liceo empecé a darme cuenta de mi modo diferente de ver el mundo. Donde todos veían héroes, yo sólo veía uno más del género humano. Donde todos veían competencia, yo veía mediocridad. Donde todos veían con extrañeza, yo lo veía con obviedad y cuando todos lo veían obvio, yo empezaba a cuestionar.

     - Tienes madera chico, pero no actitud. Si fueras un bote, estarías bien hecho, pero carecerías de timón. – comentó uno de los Formadores.

Terminé con honores la preparación del Liceo y las puertas dl’ Armeé de Terre se abrieron de par en par. Ingresé gustoso, pero desde la entrada, me di con un muro de concreto armado: reglas que no cambiaban desde el tiempo de Napoleón y jerarquías decididas por medios diferentes a la del propio desempeño. Tuve superiores que no merecían el uniforme que llevaban ni el título que ostentaban, a los que cuestioné y desobedecí hasta el borde de la guerra. No me quisieron allí y bregaron hasta que me echaron del Ejército.

No estaban listos para mí.

No voy a negar que fue un golpe bajo, pero no iba a darme por vencido, tome nota de lo que debía mejorar y continué.

Era más que obvio que no podía volver a la casa en Lyon, ya que nunca fue mi casa realmente. Mas en el proceso de buscarme una vida terminé reclutado por La Marsellesa: una red de narcotráfico que hacía apología a la ya desaparecida pero perenne “Conexión Francesa”. No acepté estar allí porque me motivara la idea de participar de eso, creo que fue más que nada una franca rebeldía contra el Sistema que me censuró.

Mi formación y mis habilidades me hicieron destacar, dejaron bien en claro que no era un matón callejero ni un perro recogido. Tan pronto como entre, fui ascendiendo entre esa gentuza y en sólo cuatro meses era la mano derecha de uno de los miembros importantes: Raymond Mihière, capo encargado del negocio del Cannabis.

Pero no fue por su posición en la Marsellesa por lo que lo seguí. Había algo que lo diferenciaba de las demás cabezas: Mihière tenía convicciones. Me era increíble ver como éste hombre podía torcer cada valor moral existente y orientarlo hacia una causa, real o inventada, al punto de poder justificar sus actos como correctos. Y la causa se ocultaba en las sombras y leyendas.

Vivíamos en Nantes, a orillas del rio la Loire, principal vía de acceso preferida por la Marsellesa. Mis tareas eran varias, desde administrador hasta sicario; pero cuando Raymond estaba ocioso, sin ningún negocio pendiente, sin traidores a los que reventar o sin ganas de depravar a alguien, me pedía que lo acompañe a su estudio. Allí tenía una colección de libros acerca de cosas raras, recopilados hacía siglos o eso decía él. Pasaba horas hablando de monstruos que paseaban por las calles, a plena vista y sin ser detectados. Tal vez tratando de inculcarme el odio visceral que él sentía por ellos.  

     - Te ves incrédulo, muchacho, pero es porque no los has visto. Yo sí. Se alimentan de la humanidad misma. Somos sus víctimas. Ellos hacen y deshacen lo que quieren con nosotros. Son corrupción (…) Pero llegará el día en que su juicio llegue y sean destruidos y si soy instrumento de ese juicio, moriré en paz.

Yo lo miraba con cierta suspicacia, después de todo él también era un monstruo que se alimentaba de la miseria de la humanidad. Además si el poder del que me hablaba ese necio era real, lo más lógico sería retenerlo, estudiarlo y replicarlo. No esperar a juicios ni destruirlos. Para mí, el viejo miraba con la presbicia del miedo y yo secretamente deseaba que fueran ciertas sus historias.

Aún con todo, no pude evitar sentirme atrapado. No podía ir más allá de lo que ya era. Estaba nuevamente en el tope. Incluso si me ofrecían ser un capo, seguía en el tope… incluso si tenía la presidencia de la ONU, hubiera estado en el tope, porque los designios de la humanidad no me bastaban.

¡Conquístalos, chico!

Para recompensarme por ser una buena mascota, Raymond me puso a cargo del Nightclub Paradise Days. Debería haberlo tomado como premio, la cadena de Clubes Days es reconocida por este lado del Atlántico, no sólo en el bajo mundo, sino dentro de las esferas más acaudalas de las ciudades europeas. Un buen sitio para hacerse de nombre y contactos. Pero yo sabía que Mihière se estaba volviendo anciano y no podía agenciar solo todo lo que había decidido abarcar, así que era un trabajo más para mí. Pero ahora agradezco su oferta, porque allí la conocí.

Me llamó la atención desde el momento que entró: caminó firme, como dueña del lugar, incluso la gente parecía abrirle camino. Llegó a la barra, pidió un “MaiTai”, luego se dirigió a un extremo del gran salón. Caminaba lento, observando al cúmulo de personas, parecía estudiar cada rostro, despacio, como un depredador mirando entre el rebaño. Luego, cuando pareció conforme con una víctima, desplegó su ataque. Comenzó su aproximación. Tal vez fue una mirada, una seña, una palabra, un roce lo que hizo que su presa hipnotizada, respondiendo sin problemas a sus galanteos. Charlaron y luego se fueron. Ya fuera del local, una camioneta Dodge le dio el alcance. Antes de subirse ella levanto su rostro y clavó su mirada en mí, moviendo los labios en algo que no pude descifrar, luego sonrió y entró a su carro.  

Esa fue la primera vez que la vi. Sólo después de cinco minutos de haberme quedado plantado frente a la ventana, tratando de recobrar la compostura, reaccioné con un escalofrío recorriéndomela espalda. Los vidrios del club eran espejados. Puedes mirar desde adentro lo que hay afuera, pero no desde afuera a quienes están adentro.
No sería la única vez que la vería. Por lo menos una vez a la semana ella aparecía, a veces llegaba acompañada por hombres y mujeres que también llevaban la misma actitud de ella, pero no se le comparaban. Otras veces, un hombre de pelo largo y rasgos asiáticos la acompañaba, alguien que parecía ser muy cercano a ella. Y a veces iba sola, como la primera vez, en esas ocasiones dejaba mis papeles administrativos.

Fue en una de esas veces en donde me atreví a invitarle una copa. Mas yo, que no tenía reparos en halar del gatillo en la cabeza de alguna persona, ni de puntualizar objeciones ante los capos, me quedé paralizado. Ella me estudió con sus ojos esmeralda, mientras tomaba la copa que le ofrecía, rozando sus dedos fríos con mis manos, luego clavó su mirada en la mía y el movimiento de sus labios y sus palabras me cautivaron aun más: “Peut-être toi.”Su voz quedó gravada en mi mente y su sonrisa simpática, en mi alma. Ella no era una simple mujer. No era como las demás. Ella era lo que yo estaba buscando y mi ser entero la reconoció como algo superior.

Y aunque sus visitas continuaron, la salud del viejo capo se quebró y me obligó a pasar más tiempo en su mansión, así que tuve que delegar mis funciones sobre el Club a otros perros. Las obligaciones del cerdo me estaban agobiando. Reconoceré que él sabía organizarse en cuanto a negocios. Así que cuando decidí “contratar” a alguien que me ayude, el viejo estuvo de acuerdo.

Su nombre era Kim Junsu, un llamativo coreano peliblanco con habilidades informáticas. Aunque tenía la sensación de dejavú con él, no le presté mucha atención. No fue del agrado de Mihière, pero Jun no tenía que trabajar para él, sino para mí. Tomó el puesto y en cuestión de tres días tenía arreglada mi vida. Calmado, reservado y formal. Su pinta no combinaba con su actitud, pero era útil.

Milagrosamente el viejo vivió un poco más, pero prefirió vivir de las regalías mías y de mi asistente. Se metió de cabeza en su mundo de supersticiones y mentalmente se extravió. Yo pude regresar al Club, pero ya no la encontré. Maldije al trasero gordo de mi jefe por eso, pero no tiré la toalla y empecé a tratar de buscar indicios de ella.

Mylène, Patricia, Mariè, Antonieta… Tenía una interminable lista de nombres para la misma persona, pero nada más. Interrogué a sus acompañantes, que todavía visitaban el club, pero no respondían. Obligué a Jun a ayudarme, pero a él se alteraba, me cuestionaba y ante mi silencio, se negaba. No creí poder explicarle mis teorías a cerca de ella, sin pasar por demente.

Sin embargo, de buenas a primeras, Jun dejó de poner reparos y se unió a mí búsqueda. Fotos de las cámaras del club, cotejo con fotos del sistema nacional de identidad, búsqueda de vehículos, hasta manipulación de sistemas de monitoreo civil. Jun podía acceder a información protegida sin mucha dificultad, fue así como encontró algo más.

Raymond también estaba sobre la pista de ella, Jun encontró ciertas instrucciones en el correo del cerdo que coincidían con la información que habíamos obtenido de la mujer. Me sugirió que entrara a su estudio pues podría encontrar pistas más sólidas. Entraría solo, pues a Jun no le hacía gracia entrar al territorio de Mihière y yo no quería comprometerlo más.

Me acuerdo la cantidad infinita de mapas, fotos, notas que había en ese cuchitril que el viejo llamaba estudio. Algunas imágenes iban con notas como direcciones, códigos, nombres y observaciones. Una de esas fotos correspondía a la silueta borrosa de la mujer que yo buscaba, con la nota adherida de: “Sospechoso – Estado: Desaparecido”. Pude haber terminado allí, pero mi curiosidad pudo más. Así fue como encontré algo que le dio una vuelta completa a mi vida.

Hallé una foto de mi padre con una nota: “Ghoul – Estado: Eliminado” y en el mismo montón de hojas el pequeño recorte del accidente.Temblé de la impresión. Pero no me detuve. Como la de mi padre, había fotos con todo tipo de etiquetas y una me dejo en blanco. No me fije en el rostro, pero decía: “Vampiro – Estado: eliminado.

Al final, después de revolver todo, encontré un file apostado tranquilamente en su mesa, tenía mi nombre y notas que, aparte de describirme, concluían en una que decía “Aspirante Apto”.

     - ¿A qué estas jugando Raymond? –Me pregunté en voz baja con la mirada clavada en esa última nota.

De pronto mi celular comenzó a vibrar insistentemente. Era Jun, que al darse cuenta que ignoraba sus llamadas me mandó un mensaje alertándome que Raymond ya estaba en casa. No lo hice caso.

Cuando el viejo me encontró tuvimos un altercado bastante fuerte. Me acusó de todo en cuanto pudo, pero yo no respondí. Sabía que si lo hacía, terminaría muerto en algún lado. De hecho, no sé por qué no lo hizo. Mataba (o me mandaba a matar) gente por cosas menores. Por lo que agradecí salir vivo, ya que simplemente me corriera. Tal vez la respuesta estaba en ese Aspirante Apto.

Por un periodo no trabajé para Mihiére. Seguí en Nantes, pero estuve en otro lado de la Marsellesa como “chico de los mandados” de gente de menor posición que el cerdo. Nadie sabía de las locuras del capo, ni siquiera lo sospechaban. Seguí preguntando por la mujer, pero aparte de piropear la foto, no me decían nada. Jun me siguió, pero cuando le conté lo que encontré, no pudo esconder su cara de pánico, más aun cuando le hable de la foto de la mujer. Luego de eso marcó una distancia, lo que sólo provocó que yo me fijara más en él.

No pasó mucho tiempo, tal vez un trimestre, cuando me enteré que uno de los cargamentos de Mihière había sido destruido, en el cual habían encontrado algunas personas. Fue entonces cuando me volvió a llamar a su lado. Conmigo jamás le habían intervenido nada (por suerte) además, el cerdo no comercializaba humanos hasta donde yo me acordaba. Regresé, pero esta vez con el objetivo de desenredar sus secretos.

Volví como el más arrepentido de los sirvientes, Raymond sólo pidió que continuara haciendo lo que sabía hacer. Por unas semanas lo hice, mientras averiguaba que había pasado con ese cargamento. Pensé que era trata de blancas, pero las personas que trajo Raymond no eran mujeres, no eran ni siquiera atractivas, es más, parecían matones de barrio y en posesión de ellos se encontraron infinidad de armas. Era obvio que el capo no quería que nadie se enterara, pues podría tomarse como acto subversivo contra la Marsellesa. Sonreí pensando que aun en su lecho de muerte el viejo quería más poder.

El cerdo no me explicó nada, sólo me dijo que ese incidente no quedaría impune, y que sus causantes arderían bajo el sol. Lo miré impresionado. No hablaba el capo, hablaba un líder y no era un ajuste de cuentas, era una venganza.

     - Ellos mismos han tallado su estaca. – Lo dijo en voz ferviente.

Sólo me limitaba a observar, mientras trataba de armar el rompecabezas que resultaba toda esa situación. Tenía muchas teorías, pero la ausencia de piezas me empezaba a fastidiar.

Una noche, luego de ajustar unas cuentas de Raymond, cuando me dirigía al auto, ella apareció. Estaba vestida como motera, con el traje de cuero ceñido al cuerpo, apoyada contra mi carro, fumando.

     - Largo tiempo que no sé nada de ti, Francoise Balois. – dijo, mientras exhalaba una bocanada de humo. – Ya te hacía muerto.
     - Buenas noches, señorita.  – Salude, aproximándome precavidamente. Ella sonrió. – Es una sor….
     - ¿Por qué estás aquí, todavía? – preguntó, sin siquiera mirarme.
     - Porque tengo que regresar…
     - Lo sé. Conozco bien tu rutina. Lo que no entiendo es por qué. Eras el mejor en tu clase, el más hábil y el más indicado. Pudiste alcanzar lo que te hubiera dado la gana.Poder, reconocimiento, fortuna, mujeres. Entonces por qué decidiste convertirte… en un perro. – tiró el cigarrillo.

Me quede clavado donde estaba, mirándola fijamente, apretando las mandíbulas. No tenía respuesta para eso ya que yo mismo me hacia el mismo cuestionamiento. Ella solo me devolvió la mirada, no haciendo ningún gesto ante mi silencio.

     - Dile a tu cerdo amo, que deje de meter las narices en donde no debe. La próxima vez yo misma les volaré algo más que sólo un cargamento.
     - Qué quiere decir…
     - No nos agradan los incautos que estorban, menos cuando quieren jugar con aquello que no comprenden. Si vuelve a traer a alguno de esos compañeritos, tendrán más de lo que hasta en sus más horribles pesadilla haya soñado. -Ella caminó hacia mí, extendió su mano a uno de mis bolsillos dejando algo dentro. - Si enmiendan, tal vez sea compasiva con él.

Dio unos cuantos pasos hacia atrás, alejándose un poco de mí. Intrigado, metí la mano al bolsillo encontrando un dedo humano, con un anillo puesto.

     - ¡Qué porquería! -
     - Si tienes miedo, nunca te dejaré estar a mi lado. – Fueron sus palabras finales mientras se iba, yo solo pude seguirlacon la vista.

Pude haber hecho muchas cosas. De hecho las medite mientras manejaba a la mansión. Sin embargo terminé en el muelle de la casa, soltando el dedo al fondo del Loire.  

     - Todo como siempre, Raymond, sin novedades.

Raymond volvió a contactar a esos tipos. Esta vez en un secretismo absoluto. Se disculpó por el “accidente” pero los otros no parecieron disgustados. El necio me ordenó hacerme cargo del traslado de esas personas, que velara por su llegada a la ciudad. Y por sobre todo me ordenó guardar reserva acerca del hecho. Dijo que mi recompensa sería inimaginable, así que decidí hacerlo. Guardé cada aspecto que puede y camuflé aquellos que eran evidentes, ni el mismo Raymond manejaba la información. Tal vez Jun sabía de algunos aspectos, pero no decía nada, sólo me miraba furtivamente, como quién espera algo, luego desviaba su mirada y seguía trabajando. Yo no era un estúpido, Jun estaba al tanto de lo que pasaba, de quién era la misteriosa mujer que buscaba y del resto de cabos que no llegaba a unir.

Esas personas, nuevamente, parecían formadas en las armas y en la pelea. Si bien eran un grupo heterogéneo, no eran corrientes. Sus expedientes tenían detalles como ataque a propiedades privadas, asaltos violentos, conductas antisociales.

     - El orden debe prevalecer en esta ciudad, muchacho. Mientras yo viva, las bestias de la oscuridad no pisarán mi suelo. – fue lo único que   comento Mihière.  

Casi podía vislumbrarlo. Era como saber la trama de una mala película. Él traería esos matones, les daría caza a los monstruos, tal vez moriría el padre de algún hijo, en el completo silencio de una mente perturbada. Sospechaba de Mihière como responsable de la muerte de mi padre, y me sentía llamado a devolverle el favor, pero le jugaría una última carta.

Cómo requirió el cerdo, él tendría la última palabra de dónde llegarían esas personas. A última hora me dio esa información, el día anterior a su llegada. Me reiteró la confianza que me tenía y la grata recompensa que vendría con mi ayuda. Yo sonreía y asentía.

     - Tengo algo, Junsu. – le dije antes de que se retirara. Tomé un post-it de su escritorio y anote un código. Una coordenada simple en UTM y una hora. Le pasé la nota. – Dile a ella que no tengo miedo. – Y sin más me retiré.

Esa noche, mientras dormía, escuché los inequívocos chasquidos de un arma con silenciador y la turbulencia de pasos sigilosos. Cargué mi propia arma y atizando los sentidos, me aventuré fuera de mi habitación. Encontré todo un caos en la sala, incluso con la poca luz, distinguía los cuerpos de los muertos y el desagradable olor a hierro de la sangre. Escuche unos chillidos provenientes del estudio. Tenía mis sospechas de lo que era, pero la voz que me llegó (la voz de ella) hizo que no tuviera dudas.  Subí las gradas y mientras corría por el pasillo, el chasquido de un disparo revotando contra la pared me hizo darme cuenta que no estaba solo. Corrí de la forma más esquiva que pude, sentía los chasquidos y las cosas romperse a mí alrededor, pero no deseaba morir en ese momento. Así que luego de un roce de bala por el abdomen, entré al estudio.

La escena era cómica, el gordo de Raymond tratando de protegerse con el cuerpo de su prostituta de turno. Habían tres personan más allí. Una era ella, sosteniendo una especie de costal con una mano y una Bereta con otra. Los otros dos, hombres enormes con pinta de matones de pobre calaña y pálidos como papeles, uno con un bate y una cadena alrededor del torso, el otro, con unas garras enormes saliéndole de las manos y ojos semejantes a los de un lobo.

No tuve tiempo de asustarme, ya que apenas pude tomar conciencia de la situación, aparecieron otros dos en la puerta. Otro hombre alto, pelado, con una Smith and Wesson con silenciador en cada mano, igual depálido y con traje formal; la otra era una adolecente con minifalda, top, colitas en el pelo y maquillaje de arlequín, armada sólo con un bisturí. Ante esa situación que no podía entender, solo atiné a reí.

     - Bonsoir, Francoise. Hace tiempo que no te veía. – Saludó ella. – Agradezco tu invitación, aunque no pensé encontrarte, sobre todo después de lo que te advertí – Raymond, pese a su cara de desconcierto, frunció el ceño y se dispuso a decir algo, pero lo corté.
     - La pregunta es con qué punto y propósito debería haberlo hecho – dije, mientras rastrillaba mi arma.
     - ¿Salvar tu vida no es suficiente motivo, humano? – preguntó, mientras arrojaba el saco a los pies del gordo y parte del contenido, una barbilla, se dejaba ver.

Raymond puso cara de asqueado. La prostituta comenzó a gritar despavorida, se paró como pudo, a tropezones y trató de salir de la habitación. La chica de colitas la atajó y luego solo la vi caer al suelo. Los acompañantes de mi invitada se mofaron, pero no me interesaba que le habían hecho a la mujerzuela. No quitaba los ojos de ella.

     - Mi señora, si el objetivo fuera matarme, ya lo habría hecho, no se hubiera tomado la molestia de advertirme. De hecho sólo facilitó las cosas.
     - ¡MALDITO BASTARDO, PERRA RASTRERA, QUE MIERDA! – chillo el cerdo.
     - Silencio. –disparé el arma contra el escritorio delante de Raymond. Me miró aterrado. Y aunque los otros cuatro se pusieron en posición de ataque, mi invitada permaneció quieta y sonriendo.
     - ¿Cómo así? – preguntó ella mientras la sonrisa se volvía más amplia en su rostro.
     - Quería verla de nuevo. – le respondí con convicción - Usted se formó la idea equivocada de mí. No quiero que piense que sólo soy uno más. Es cierto, fui el mejor de mi clase, fui el más hábil, el más indicado y lo sigo siendo. Pero no puedo aceptar a mediocres conmigo. Gente que vive de glorias pasadas. Gente que se traga mierda sólo por unos cuantos Euros más. Gente ciega que inventa todo tipo de justificaciones para hacer más llevadera su vida miserable. Yo no soy así. Si estoy aquí, es porque esto responde a mi propia visión. Yo no me conformo con lo que simplemente veo.

Ella sonrió aún más. Su atención estaba enfoca solo en mí, eso me envalentono a seguir hablando.

     - Usted me dijo, que si el cerdo de mi amo volvía a meter las narices en dónde no debía, vendría personalmente a hacer lo que tuviera que hacerle. Me era más fácil invitarla a casa que salir a buscarla, sobre todo porque ha resultado ser una persona muy evasiva. – una sonrisa apareció en mi rostro mientras hablaba – Me hice cargo de todo el asunto. Así es como pudo enterarse del lugar y hora exactos donde llegarían mis otros invitados… - terminé señalando el costal.
     - ¡TRAIDOR! – Raymond sacó un arma de entre las cosas esparcidas por el suelo y antes de percatarme, ya la había disparado.

Fue muy rápido lo que sucedió en ese momento; vi sombras moviéndose rápidamente y de la nada, la mujer estaba encima de mí.
     - ¿Has terminado tu discurso? – Me susurró en el oído.
     - ¿Quién eres? – pregunté en un jadeo por la sorpresa, pero más que nada por tenerla tan cerca a mí.
     - Todo lo que has averiguado y más. Soy Fantine Valjean, del clan Brujah, Azote de Nantes. – sonrió ampliamente. – En buen romance, soy un vampiro.

El grito desgarrador que le siguió a esa declaración impidió que me sorprendiera. El tipo con garras de monstruo había estacado las manos de Raymond con una enorme astilla que había sido antes el bate.  

     - Si vas a matarlo, hazlo ya, preciosa. – Dijo el matón con la cadena.
     - No Golem, no he trabajado tan duro para irme con las manos vacías. Déjenme a solas con él. – su voz aterciopelada contra mi cuello comenzó a causar, a pesar de la situación, agradables sensaciones, despertándome desde lo más profundo.
     - Si eso quieres… – respondió el tal Golem mientras él y el resto del grupo de Fantine nos daban algo de privacidad.

Los lamentos y juramento de Raymond inundaban la estancia, pero no los escuchaba.Ella estaba encima de mí, sus pechos restregándose contra mi cuerpo; sus labios, su lengua recorrían mi cuello, mi piel, mis propios labios. Sus manos, expertas, comenzaron a incitarme aun más mientras comenzaba a retirara las prendas que molestaban más. Ella sabía perfectamente lo que hacía…

     - Estás aquí porque tú quieres, porque yo quiero y porque, incluso si el resto no quisiera, harías lo mismo… -me dijo en un seductor susurro contra mi cuello mientras me llevaba a la cúspide extrema del placer.

Oh! La Petite Mort: Quand il baisse aux profondeurs. Quand il arrive au haut. Dans le paroxysme d'un halètement, le vide décide qu'il a un nouveau destin.

Dicen que a algunos les toma días, a otros horas recuperarse de esto. A mí, solo cuestión de minutos. El incendio en mi garganta y el rugir de cada célula de mi cuerpo por ser alimentada me sacaron del trance que había resultado estar con Fantine. Abrí los ojos y el olor de la sangre me gatillo un deseo salvaje, más poderoso de lo que haría sentido jamás. Vi a Raymond mirarme con pánico y extraño regocijo.

     - Tú… también serás cazado… Francoise… No tienes idea de lo que has aceptado… - dijo entres los espasmos de su dolor.
Me abalancé sobre él y mordí su tráquea hasta que sentí los borbotones de la carótida regar mi paladar. Convulsionó, luego la presión sanguínea disminuyó, hasta que al final no quedó nada.

     - Hacía acaba el cazador, cazado por su devoción. – la voz de Fantine me sonaba algo lejana ya que aun me encontraba en el éxtasis de alimentarme.- He esperado con ansias este momento, desde la primera pista que me dejó Gerard al morir. –

La mención del nombre de mi padre, hizo que todos mis sentidos se centraran en Fantine. La miré fijamente mientras continuaba hablando.

     - Fue el mejor sirviente que he tenido. Mis ojos y oídos bajo el sol. Él averiguo el escondite de este fanático en medio de la Marsellesa. Lastimosamente, se aventuró muy pronto y cayó. Así que el cerdo huyó a buen resguardo y comenzó a traer a sus amigos. Fueron años duros, Francoise. Muchos de los nuestros han caído. No hubo mucho tiempo para relajarse, hasta que te convertiste en el dueño del Club. Un refugio para los nuestros.

Sin dejar de hablar, comenzó a acercarse a mí, instándome con gestos que me levantara y alejara del cuerpo, ahora seco, de Raymond.

     - Desde allí hemos operado, bajo tu vigilancia. Pero aun así tenía dudas sobre ti. Te creí sucesor de este imbécil y eso me causaba frustración. Eras el niño de mi sirviente; saberte como un fanático más y que debía matarte de ser así, me desesperaba. Casi concluyo que así debía ser, cuando me buscabas con la desesperación de un depredador, sin ninguna razón aparente.

La mire extrañado, ¿Cómo supo que la estaba buscando? Nadie sabia de eso excepto…

    - Sí, Francoise, Jun es mi servidor.- Sonrió viendo el entendimiento en mis ojos mientras afirmaba mi certeza - Estuvo poniéndome al tanto de todo. Y aún así, tú seguías siendo un misterio. No puedo negar que me he obsesionado contigo. Quería deshacerte o poseerte de una vez, así que decidí ponerte una prueba más. Vaya que me tuviste al borde del asiento. Hasta hace unas horas atrás, mi concepto de ti era muy distinto.  
    - ¿Cuál es su concepto, ahora?– le pregunté intrigado.
    - Eres Brujah, tal como debió serlo tu padre – fue en ese momento donde sacó aquella Cruz de Hierro que tanto recordaba de Gerard y me la entregó.
    - Él no era mi padre.
    - Eso ya lo sé. Yo te entregué a él, porque él me lo pidió. Fuiste un regalo.

Algo interrumpió nuestro dialogo. Fue la voz de Jun, gritando “¡Mi Señora!”. Entro al estudio, seguido por los otros cuatro miembros del grupo de Fantine. Ella sonrió y con un gesto teatral me presento.

     - He aquí mi chiquillo. Francoise Balois del clan Brujah.

Sí, aquella noche morí y me despedí de lo que era, pero antes de salir del lugar, regresé a ver el cadáver de Mihière. Si no fuera por él, no hubiera llegado a ese momento.

     - ¿Qué pasa Francoise, por qué te quedas aquí? – preguntó mi Sire mientras terminaba de revisar que nadie quedara vivo.
     - Si no hubieras sido tú, hubiera sido él. – Tome mi file que estaba en el piso y sustraje mi hoja. – También era apto para ser un Cazador…

La noche termino con la chica de colitas gritando ¡Bum!, mientras la casa de mi empleador reventaba contra el cielo nocturno.

Luego de esa noche, pude disfrutar de la compañía de mi Sire por una semana, sin interrupciones. Me sacó a pasear y a redescubrir la vida nocturna, me enseño algunas cosas de la cultura vampírica local, tradiciones, leyendas y algunas normas; pero siempre terminaba sus clases con un “…Eso dicen, entonces debe ser.”  Pero luego de esa semana, tuvo que regresar de nuevo con sus camaradas. Supongo que así se dice, después de todo son Camarilla.

Así que me quedé a los atentos cuidados de Jun, que parecía algo contrariado. No sabía cómo tratarme ni la posición que ocupaba, así que a veces entrabamos en acalorados debates, sobre todo cuando trataba de escabullirme fuera del dominio, luego había una gresca y finalmente ambos terminábamos riéndonos el uno del otro. Posteriormente Fantine puntualizaría las diferencias y Jun recibiría una de las reprimendas más violentas que había visto en mi existencia.

     - ¡Un ghoul es sólo un sirviente, un peón en el juego. No te atrevas a compararte con tus Señores! -

Luego de unos meses de enclaustro, ella dejó que la acompañara a algunas de sus misiones. Para entonces la broma de vampiro se acababa, las reglas absurdas se suspendían y el juego dejaba de ser gracioso. Ella se convertía en un depredador, ágil, fuerte, feroz. Y Jun era su acompañante preciso. La habilidad real de este chico era penetrar cualquier sistema posible, él hackeaba redes, sistemas de seguridad, cámaras y sensores;  convirtiendo a estos en sus aliados. Abría y cerraba puertas, peinaba el lugar sin necesidad de entrar. Era los ojos más allá de lo evidente. Mientras que yo me quedaba observando y de respaldo, por si las dudas. Pero las veces que fui necesario, tampoco dejaba duda de que podía hacer muy bien las cosas.

Luego todo terminaba y regresábamos al ambiente despreocupado del taller. Este lugar, para explicarlo mejor, es un taller automotriz y además, es el refugio de los Brujah de la ciudad, así que puede ser algo bullicioso, si tienes el valor de ir por allí en la noche.  

Después de un tiempo la cadena se alargó, Fantine me llevaba fuera de la ciudad. Para ese entonces había renunciado a su título. Pero su trabajo para con los Cazadores en la Ciudad de Nantes era bien reconocido así que, de vez en cuando, un pedido de principados vecinos asomaba la ventana y el viaje comenzaba.

Ella comenzó a darme pequeñas tareas, como observar, seguir y rastrear objetivos. A veces no tenía nada que ver con las misiones de ella, pero me pedía que lo haga, a modo de entrenar. Otras veces, solo me dejaba que explore la ciudad dentro de determinados parámetros y muchas de esas veces, dejaba a Jun de niñero.

En una de esas veces que estaba en Touluse, me colé en un Pub. Había buena música, había buen ambiente y yo tenía hambre. Así que empecé la caza. En un principio, solo fue una sensación vaga, luego fue ineludible. Reparé en unos ojos vibrantes que en el juego de luces del lugar, parecían más intensos.

     - Me recuerdas a alguien. -  dijo cuando me acerqué. - De hecho, eres demasiado parecido. - Yo también me quede observando el rostro joven que tenía al frente ya que reconocí cierta facción de él en mí, tal vez era el mentón o el encaje de rostro.- Si, realmente te pareces a él, a mi hermano, Alexander. - Y me mostró la foto de un niño con una dramática similitud a mí. Sonreí mientras la sangre me daba un vuelco en el cerebro.
     - Imposible.- le respondí mientras me sentaba a su lado.- Soy muy parecido a Alexander, pero lamento decepcionarte, chico. No soy él.
     - Bueno… Sí, lo presentí. No creí tener tanta suerte para finalmente encontrarlo tan cerca a casa. Pero sé que él está en algún lado.

Luego dejó de lado el tema del hermano, pero la situación me siguió incomodando.Comencé a relajarme un poco puesto que mi nuevo acompañante se rindió a las fuerzas del alcohol y al fin pude conseguir mi premio. Supongo que él también, aunque por lo exhausto y satisfecho que se veía, casi puedo asegurar que si. También Jun se gano con una faceta mía que ni yo mismo conocía. Fue interesante y divertido, a su modo. Terminé con una promesa vacía para con Nico, con un nombre de un tal señor Larsen y un correo electrónico.

Una anécdota que ojala se hubiera quedado como tal, pero que aún no me deja de perturbar.

Regresé al campo. Como era habitual, seguí bajo la sombra de Fantine y la mirada vigilante de Jun. Los días de gracia se hacían más escasos y las tensiones volvían a emerger. Primero como comentarios sueltos, luego como un murmullo incómodo, para después pasar como las paranoicas noticias del 2000 y el fin del mundo. Todo eso ató a mi Sire y a su cuadrilla a Nantes, de nuevo. No pude evitar regresar a mi talismán de buena suerte. El Paradise Days seguía siendo un centro de reunión, mi centro de reunión; que luego del golpe a la Marsellesa, el lugar quedo para los Brujah y sus invitados. Fue allí donde conocí unos vampiros con esas ideas “poco Camarilla”. Hablaban de purgas, desapariciones y esas cosas que le tiran de los cabellos a los del Consejo de la Primogenitura. No pude evitar acercarme y enterarme que esta situación parecía resonar en el mundo entero.

Como hubiera deseado compartir esa información con Fantine… pero fue imposible.

Hace unos días atrás, ella me levantó antes de mi hora de despertar, me dijo que debía partir tras cierta información que me convenía no saber. Obviamente esa idea no me gustó, pero ella, con solo una mirada, me dejo sentado.

     - A donde voy, no puedes ir tú. – Dijo con la voz más seria que podía. – Te dejo libre para que empieces tu no vida, Francoise. Ya sabes lo que tienes que saber. Golem y los demás te querrán cerca, ellos están al tanto de esto. Seguirás en el Taller. No es tan complicado.
     - No entiendo por qué tan deprisa... –
     - Eres Inteligente, lo averiguarás, incluso si no te lo digo. A ti no te van los misterios, pero dame una ventaja, ¿quieres? – rió. – Hay algo más. Iré yo sola. Así que tendrás una responsabilidad extra. –Como si estuviera esperando esas palabras, Kim Junsu se apersonó. Ya lo había notado, desde hacía unas noches, Fantine me había desangrado sin dar ninguna explicación. – Te quedas con Jun. Creo que no tengo que explicarte mucho acerca de él. Lo conoces mejor que cualquiera.
     - ¿Incluso a él… lo vas a dejar? –
     - A donde voy, no me puede servir. – Sonrió.  

No pude sacar más de mi sire y eso que pregunté… Fantine se retiró cuando el último rayo de sol se ocultó.

     - ¡Conquístalos, Chico! – dijo, antes de partir.
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Saludos cordiales desde el otro lado de la pantalla.
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Re: VLM - Francoise Balois

Mensaje  Flondaky el Lun 27 Abr 2015, 16:08

Wuau Vana me quede perpleja con tu historia me encanto, muy sintetizada y fácil de entender a pesar de lo extenso , tu personaje debe ser interesante ojala un día nos crucemos Cool

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Re: VLM - Francoise Balois

Mensaje  Paris el Miér 13 Mayo 2015, 18:24

O3O

Francoise!!!

Realmente ya te dije todo sobre tu preludio por skype Razz Ojala y el buen Francoise siga haciendo de las suyas en Las Vegas Very Happy y que Ionina le de curso de paso y que Ionian le ayude a conocer la ciudad ajajajaja ( o a lo mejor otro de mis pj lo ayude a turistear Smile )

Suerte Vana!!

Suerte Francoise!!!
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Re: VLM - Francoise Balois

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