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VLM - Antoine DiLaurentis

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VLM - Antoine DiLaurentis

Mensaje  Alice Lydon el Sáb 11 Nov 2017, 12:59

“...Yo no mato con mi arma, aquel que mata con su arma ha olvidado el rostro de su padre ...Yo mato con el corazón.”
Roland Deschain

Sí, claro que lo conozco…
Lo conocí cuando solo tenía 12 años…solo un crio…en esos días no era más que otro huérfano de la ciudad, uno terco y rebelde.
Se paraba por horas afuera de mi tienda…Quieto e inerte… ¿Cómo si pudiera  ver algo que yo no? ¿Puede creerlo?
Tardé un tiempo en darme cuenta lo que miraba….maldito niño…
Se paraba por horas, ¡Quieto! ¡Firme!...!Terco!...Pasó mucho tiempo, le digo, hasta que se animó a entrar a la tienda. Nunca vi a nadie hacer tanto ruido para llegar a un mostrador…algo escandaloso pero seguro, de 3 pasos estaba delante mío con esa mirada desafiante.

“— ¿Cuánto por la ropa de metal?—“

¡¡Imagíneselo!!Un crio de 12 preguntando por una armadura, era absurdo y más con la voz y los ojos que se manejaba…Pero lo más curioso era que ¡¡Esa maldita cosa no se veía desde la puerta!!
Lo boté sin pensar, pero sí que era terco…solo bastó una vez para que vaya cada día, esperarme y preguntar. Hasta que una tarde me siguió a mi taller, ahí le tire un precio; 3 dígitos…Se quedó quieto, lo recuerdo y luego me sonrió y puso esos ojos de terco que tiene…
Pasaron los meses y no lo volví a ver, estaba tranquilo; al fin, hasta que…no viene a ser un día de esos que lo veo, vendiendo… unas cosas raras, tonterías que a la gente le gusta comprar para decorar o algo así, yo no le veía  función alguna…aunque…entre toda esa estupidez…noté algo…ese chico, era terco si, terco hasta sus adentros…pero también era dedicado. Las casitas esas que estaba vendiendo no se veían tan mal para haberlas hecho un crio…había que ser muy decidido para mandarse tal cosa, eso o ¡muy terco!
De ahí no fue hasta finales de Diciembre que se apareció en mi tienda, más harapiento que nunca, soltó una bolsa con el dinero en el mostrador. Estaba pasmado, no pensaba que lo vería de nuevo en toda mi vida y viene como si nada y encima a pedirme que le entregue la armadura…tragué hiel, jamás pensé que lo lograría…
Lo llevé donde estaba la armadura, tenía que contarle la verdad…No seré un noble; señor, pero tengo palabra, ¿estafar? Y encima a un crio ¡jamás!...
Esa cosa tenía más años que toda la cuadra junta, todo su interior estaba corroído por el tiempo, casi todo el peto estaba oxidado. Pude ver como se le quebraron los ojos, no sé pero termine proponiéndole:
“—No puedo darte está armadura…pero puedo enseñarte para que hagas la  tuya propia—“
Desde ese día pasaba más tiempo que nunca en mi taller, yo no era bueno explicando, pero él como buen terco, paraba la oreja y me escuchaba.
Así pasó el tiempo, a decir verdad, tardé mucho en adoptarlo…para ese entonces ya no era un crio…tendría como sus 15…vino a vivir a la casa conmigo…incluso comíamos juntos…aunque…Nah ese chico no comía, tragaba. Estaba en una carrera interna de cuántas cosas podía meter a la vez en su boca…menudo idiota…
Lo críe como a mi hijo, le enseñe todo lo que sabía…todo lo que mi padre me enseño alguna vez yo se lo enseñé… Ya a los 21 trabajaba conmigo en mi taller, teníamos encargos; cosas pequeñas de campo usted sabe, martillos, herraduras, cuchillos de cocina…cosas así…
Era bueno el chico…dedicado y ¡terco!...con el tiempo empezaron a llegarle más pedidos a él que a mi…no sabía si debía alegrarme o preocuparme…pero eso sí, yo estaba orgulloso.
Una de esas noches  llegó un pedido extraño, extrañísimo…reparar algo; no crea que aquí no reparamos, claro que sí…pero…fue raro… era un arma; la recuerdo, una espada medieval…la trajo un hombre extraño, extranjero seguro…yo rechacé arreglarle esa cosa….no es que no pudiera es sólo que...ese tipo de espadas ya no se fabrican…y mucho más la reliquia que él tenia…esa cosa era antiquísima…hacer algo así solo gasta dinero y tiempo… ¡sobre todo tiempo! Seguro era uno de esos….de esos coleccionistas ¿qué se yo?
¡Y encima reparar! ¡Madre mía! Era mil veces más fácil hacerse otra nueva, le dije, lo recuerdo…pero tenía que venir él y aceptar el trabajito…Ahora sí que le iba a servir de algo ser terco…
¡Se tardó meses!!Meses! En reparar esa maldita cosa; pero al final le quedo mejor de lo que esperaba…recuerdo que la vi, lo felicité…Había dejado trabajo pendiente por terminar ese encargo…pero sabe…no me importo, estaba más orgulloso que molesto…
Se alistó, lo recuerdo perfectamente…aún lo recuerdo…estaba emocionado…no lo culpo…quería hacer la entrega en persona, compré cerveza….ya sabe, para celebrar.
Lo esperé desde las 7 sentado en el taller, esa noche cerré temprano…lo estaba esperando, pero… pasaron las horas, pasaron los días….y nunca volvió…

—Agradezco su tiempo Señor Connor—

— ¡O ’Connor! ¡Y No hay de qué! A usted gracias a usted…no es común que me pregunten por él, no muchos lo recuerdan…y gracias por el vino…está realmente dulce…—
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Alice Lydon
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